Lo más peligroso de la inteligencia artificial no es que te reemplace. Es que te dé la razón. Yo dirigí equipos grandes durante años, y aprendí una ley simple: el día que todos te aprueban es el día que estás a punto de fallar. Un buen líder nunca buscó tener razón. Buscó a alguien que se la quitara. Y ahí está la trampa: la IA no te contradice. Te valida en vez de corregirte. Te industrializa la confirmación y te vuelve cómodo. Trátala como lo que es: un junior brillante que jamás te lleva la contraria. Tu trabajo no es pedirle que apruebe tu plan. Es exigirle que lo ataque. Porque tu ventaja como líder nunca fue tener la respuesta. Fue buscar quién te la discuta. Si lideras equipos en esta era, ese es el criterio que entrenamos en AI for Managers. ¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo, sin miedo, que estabas equivocado? Si tienes que pensarlo, ahí está el problema.